Aunque la historia de la película de Mulan se basa en una leyenda china, lo que no sabrán ni los dibujantes, ni los productores de Disney, es que esa historia ocurrió de verdad, aunque no en China, sino en España. La mujer en cuestión se llamaba María Martina de Ibaibarriaga, que luchó contra las tropas francesas en la guerra de independencia española.
María Martina nació el 26 de enero de 1788 en Bérriz, aunque ella se trasladó con su familia a Bilbao.
El 16 de agosto de 1808, las tropas francesas entraron en la ciudad realizando saqueos y demás atropellos, siendo la botica de sus padres uno de los blancos franceses. Para cuando María Martina llega con su hermana, se encuentran a sus padres y su hermano muertos. Allí es donde juró venganza. Para poder llevarla a cabo se alistó, al igual que mucha gente, en el ejército. Allí ingresó con el aspecto de un hombre y bajo el nombre de Manuel Martínez.
Combatió en Gamarra, un pueblo de la región, donde la Juntas de defensa la ascienden a Capitán. Luego se unió a la guerrilla, al integrarse a la que mandaba el Cura Merino. Estuvo en el sitio de Zaragoza bajo el mando de Renovales. Fue herida en un pueblo llamado Barbastro cuando hacía una salida con su partida desde Zaragoza. Por culpa de la gravedad de las heridas quedó inconsciente, y el boticario del pueblo tuvo que curarla, al hacerlo descubre que el entonces coronel Martínez era una mujer. Al parecer, cuando María Martina recupera el sentido, amenaza al boticario si cuenta algo.
Tal vez su acción más destacada fue durante el sitio de Vitoria, en el que cargó a la cabeza de su regimiento. Al parecer, esta carga llamó la atención de Wellington, quien quiso conocer a aquel coronel, que había efectuado una carga tan brillante. El general Longa accedió, y Wellington quedó asombrado al ver que era una mujer.
Cuando terminó la guerra se casó con el teniente Félix Asenjo, el cual había estado bajo sus órdenes. Esta insigne coronel, al igual que Blas de Lezo, al ser enterrada lo hizo en olvido de toda España y todo el mundo.
¡Enhorabuena, Javier por este blog tan meditado y tan sugestivo!
ResponderEliminarTe animo a seguir por este camino.
Un saludo,
Irene